Entrevisté a Luter semiconfinado. Obligado a trabajar desde
casa y considerando oportuno grabar el programa de radio Otra Semana de Rock en
la misma habitación en la que desarrollo las labores que me permiten pagar las
facturas, decidí utilizar una aplicación de móvil para conversar con el rock
autor de Lacoma (barrio situado en la zona norte de Madrid).
Hablar con Luter es como tratar con un colega de la
adolescencia. En los años 80, muchos chavales de los barrios y ciudades
dormitorio alimentábamos nuestra rebeldía escuchando a los grandes nombres del
rock nacional e internacional. En los 90, los más decididos comenzaron a
pasarse al otro lado del escenario formando grupos y, los más avispados,
pusieron su objetivo en hacer de la música su profesión. La mayoría tuvieron
que conformarse con ser técnicos de escenario o dedicarse a otros aspectos del
negocio, aunque alguno llegó a dedicarse profesionalmente a la música e incluso
a acompañar a bandas y artistas de primer nivel.
Eduardo García Martín, más conocido como Luter creció en el
barrio de Lacoma y adquirió peso en el
llamado rock estatal tocando la guitarra y cantando con el grupo Los Reconoces.
Tras la disolución de esta banda, emprendió una carrera en solitario en la que
ha evolucionado desde el rock callejero y urbano heredero de Rosendo y sus
Leño, hacia otros sonidos más elaborados, que han cristalizado en sus dos
últimos discos.
Poco antes de las Navidades, se editó su quinto trabajo, un
doble EP que lleva por título 'Héroe Humano'. Las canciones fueron concebidas
antes de la pandemia del COVID-19, aunque sus textos y conceptos no pierden
vigencia durante esta pesadilla que está cambiando nuestras vidas. “He estado,
como todos, sufriendo las consecuencias y recomponiendo los restos del
naufragio y, a la vez, construyendo una nueva cabaña. Nunca he dejado de hacer
y hacer y hacer… A veces hay que pensar que no pasa nada”, relata el músico
madrileño sobre la necesidad de aislamiento mental para avanzar en estos tiempos.
Pasemos a la primera parte de la entrevista:
¿Pensaste en aplazar la edición de tu nuevo disco?
El disco lo terminé cuando se acabó el
mundo, en marzo. El 9 de aquel mes estábamos terminando las baterías con Daniel
Griffin -batería entre otros de Fito & Fitipaldis-, una máquina. Estábamos
terminando la canción 'Lo desconocido'. Fue muy simbólico. Es un tema muy
curioso, un viaje iniciático. Cuando pudimos volver a la medio vida que tenemos
ahora, le dimos la forma completa. A finales de año decidí ponernos con el arte
y lanzarlo. En 2020 tenía programadas veinte y pico fechas cerradas que no pude
hacer.
Tus discos implican, por un lado, sencillez
y, por otro, una elaboración casi obsesiva, no sólo en la música, sino también
en el arte, los títulos…
Intento que todo sea cercano y que
cualquiera lo entienda: la portera, el filósofo, el conductor de autobús o
incluso, que yo me entienda a mí mismo (se ríe). Detrás hay un trabajo muy arduo
de buscar la palabra, la imagen que va a aparecer, el título. Este trabajo es
una obra conceptual en sí misma. El que
tenga el disco en casa lo va a ver: el espejo, el interior del libreto con
fotos mías creando dos mundos de hierros, de neones, las palabras buscadas. En
fin, yo no voy a descubrir nada porque creo que la gente tiene que jugar a
investigar dentro del trabajo y dentro de cada canción hay un significado que
hay que saber leer entre líneas porque si no vas a coger una parte, una capa, pero
la cebolla tiene muchas más. Por eso mis trabajos son muy lentos y tardo tanto
en hacerlos.
Háblanos de la dicotomía que planteas entre
héroes y humanos ¿tenemos todos una parte heroica y otra humana?
He sugerido que estamos un poco
equivocados, por eso hay un espejo en la portada. En la parte heroica quiero
ridiculizar lo que nos vienen contando, que tenemos que ser héroes todos; el
héroe cotidiano de todos los días, conseguir pagar una hipoteca. Nos hacen ver
que somos héroes cuando somos humanos. Es una realidad que tenemos todos los
días. Abres Instagram y sólo hay héroes y heroínas. Sobre la música que
escuchamos en todos los lados, ya ni te cuento. Es la cuestión de querer ser
más, aparentar. Yo quería reírme de eso. El Quijote era reírse de una novela de
Caballerías. En la parte heroica usamos los sonidos estridentes. Hay canciones
que, a primera vista, parecen banales, pero luego tienen mucho trasfondo. Y la
parte humana es la más terrenal. Cada uno se puede identificar en dónde quiera.
Incluso, depende de cada momento del día, puedes estar en un lado u otro.
¿Encuentras paralelismos entre la dicotomía
héroe-humano y la pandemia que nos ha asolado desde marzo de 2020? Por ejemplo,
salíamos a aplaudir a los balcones a unos supuestos héroes; pero estaban
sufriendo y pasando mucho miedo.
La idea es de antes de la pandemia y uno de
los plantamientos fue cambiar el título porque aparecía la palabra “héroe” en
todos los sitios. Ahora hay muchos carteles en las calles con esa palabra. En
el disco, fuera de la música, aparece una frase que dice “el héroe debería ser
apedreado y el humano, aplaudido”. Pero esta idea es prepandémica. Creo que
debe ser así; el héroe es para entretenernos. Cuando se quita la careta es un
ser humano. A ese es al que hay que aplaudir. Sí que encuentro paralelismos,
fue un poco premonitorio. Los que nos dedicamos a la creación estamos siempre
olfateando y vemos las cosas más rápido porque es nuestro oficio.
Hay desastres a los que nos enfrentamos
como el cambio climático, por ejemplo.
Claro y estamos viendo otras muchas cosas,
como la lucha de los agricultores mal pagados, Estados Unidos creando fronteras
y división entre los seres humanos; de las relaciones personales ya ni
hablamos. Y lo que decíamos antes, acceder a un hogar, a un trabajo, las cosas
simples, mínimas, son dificilísimas. Hay algo que está removiéndose; o lo
frenamos nosotros con nuestra inteligencia o lo frena la propia naturaleza.
Todo tiene su límite.
Javier del Valle
Continuará...